
Estamos en la recta final de la temporada y es ahora cuando entra en juego la presión por conseguir los objetivos marcados o, mejor dicho, deseados. Digo deseados porque Adepal ha superado las metas señaladas y ahora lucha por ir más allá que meterse en PlayOffs, batalla por subir directamente a Leb Oro, es decir, por satisfacer un deseo que sobrepasa lo inicialmente previsto. Y porque, en el caso contrario, el Gimnástico se ha quedado corto en sus obligacines y su objetivo de mantener la categoría resulta más un deseo que un destino que a estas alturas resulta utópico.
Como apuntaba, cuanto menos queda para el final más influye la presión, y ésta se convierte en el peor rival de nuestros equipos. Por eso, el mérito de la victoria de Adepal este finde contra Andorra es doble. La Fundación se impuso a dos rivales, al que tenía en la cancha, y al que tenía en la clasificación. Y así tendrá que hacerlo hasta que concluya la liga regular dentro de dos jornadas. Es más fácil llegar que mantenerse, porque para mantenerse es necesario llegar, es decir, ir un nivel más allá. Adepal lo ha hecho y sólo le queda superarlo para llegar al nivel máximo, el ascenso directo. Confío en que lo consiga. Ya ha demostrado que es el mejor equipo en la competición, ahora tiene que demostrarlo en la presión.
Tristemente eso es algo de lo que no ha hecho gala el Gimnástico. Nuestro equipo de fútbol lleva luchando contra la presión desde la Jornada 6 en la que se metió en unos puestos de descenso que, desde entonces, no ha conseguido abandonar. Desde Septiembre del año pasado, ni más ni menos. Una muestra de que el Gimnástico no sólo ha sido derrotado por otros equipos sino también por esa presión que ha ido creciendo al mismo tiempo que le empequeñecía. Lo peor es que ahora, esa presión tan fuerte ha hecho que el equipo explote y quede fraccionado en pedazos para afrontar un reto casi imposible que, en estas condiciones desastrosas, resulta milagroso.
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